
Experiencia de la vida
Temperamento heredado, instrucción infantil, cariño paternal, tres factores que definen de manera importante nuestro comportamiento. En un análisis completo hemos de ver que no son los únicos elementos que delinean nuestra personalidad. Consideremos lo siguiente:
Un cuarto factor es la experiencia de la vida. Es decir, todas aquellas cosas que forman parte de la vida y que dejan huella positiva o negativamente influirán de manera definitiva en nuestro comportamiento. Se trata de lo que aprendemos, sentimos, o descubrimos, en base a las experiencias de los sucesos cotidianos.
Nuestra participación directa o indirecta en torno a las experiencias de la vida no pasa inadvertida, a su tiempo las consecuencias se habrán de mostrar en nuestra forma de ser.
Aunque la mayoría de las experiencias puedan ser positivas, gratas y memorables, lamentablemente igual de memorables son las experiencias negativas que afectan el vivir. Las consecuencias negativas suelen identificarse como trauma; la huella del daño que queda en nuestro interior. Daňo que requiere de atención y tratamiento para su sanidad, a fin de desarrollar una personalidad estable, libre de los efectos negativos derivados de las malas experiencias.
Hábitos
Los hábitos son conductas inducidas por un aprendizaje condicionado, repetitivo, de manera sistemática. A fin de lograr resultados positivos tal aprendizaje debe inculcarse con responsabilidad. Por ejemplo, si un niño aprende con responsabilidad a asearse de manera regular, al crecer aprenderá a ser responsable de su aseo personal. Por el contrario si no se enseňa al niño su parte responsable con respecto al aseo, su higiene personal tendrá mucho qué decir. Estos tipos de niños son, en cierta manera, excluidos en los grupos de compañerismo donde desean participar. Ni qué decir del joven (la joven) que al llegar a la edad de casarse, aún no ha aprendido el hábito de una buena higiene personal… está por demás imaginar los efectos de su falta de aseo…
Hábitos son muchos los que han de enseňar los padres a los hijos, por ej. a cumplir con sus tareas a tiempo, a estudiar, a alimentarse sanamente, a ayudar en las tareas del hogar (ambos sexos), a comunicarse, a ser puntual, a leer, a decir la verdad, a vestirse de manera presentable (de acuerdo a la ocasión), a respetar a los demás, a ir a la iglesia, a orar, a levantarse temprano, a acostarse temprano, etc. Imagine todas las tareas que con responsabilidad los padres han de enseňar para fomentar buenos hábitos en sus hijos.
A través de ello, los padres tienen la oportunidad de impactar de manera positiva en la formación de la personalidad de sus hijos, pues los hábitos influyen en toda la vida de la persona… ¿Por qué perder esa oportunidad…?
Libro recomendado: Criemos niños seguros de sí mismos. James Dobson. Ed. Caribe Betania.
(tercera parte)
