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lunes, 24 de mayo de 2010

NUESTRO COMPORTAMIENTO (tercera parte)


Experiencia de la vida

Temperamento heredado, instrucción infantil, cariño paternal, tres factores que definen de manera importante nuestro comportamiento. En un análisis completo hemos de ver que no son los únicos elementos que delinean nuestra personalidad. Consideremos lo siguiente:

Un cuarto factor es la experiencia de la vida. Es decir, todas aquellas cosas que forman parte de la vida y que dejan huella positiva o negativamente influirán de manera definitiva en nuestro comportamiento. Se trata de lo que aprendemos, sentimos, o descubrimos, en base a las experiencias de los sucesos cotidianos.
Nuestra participación directa o indirecta en torno a las experiencias de la vida no pasa inadvertida, a su tiempo las consecuencias se habrán de mostrar en nuestra forma de ser.

Aunque la mayoría de las experiencias puedan ser positivas, gratas y memorables, lamentablemente igual de memorables son las experiencias negativas que afectan el vivir. Las consecuencias negativas suelen identificarse como trauma; la huella del daño que queda en nuestro interior. Daňo que requiere de atención y tratamiento para su sanidad, a fin de desarrollar una personalidad estable, libre de los efectos negativos derivados de las malas experiencias.

Hábitos

Los hábitos son conductas inducidas por un aprendizaje condicionado, repetitivo, de manera sistemática. A fin de lograr resultados positivos tal aprendizaje debe inculcarse con responsabilidad. Por ejemplo, si un niño aprende con responsabilidad a asearse de manera regular, al crecer aprenderá a ser responsable de su aseo personal. Por el contrario si no se enseňa al niño su parte responsable con respecto al aseo, su higiene personal tendrá mucho qué decir. Estos tipos de niños son, en cierta manera, excluidos en los grupos de compañerismo donde desean participar. Ni qué decir del joven (la joven) que al llegar a la edad de casarse, aún no ha aprendido el hábito de una buena higiene personal… está por demás imaginar los efectos de su falta de aseo…

Hábitos son muchos los que han de enseňar los padres a los hijos, por ej. a cumplir con sus tareas a tiempo, a estudiar, a alimentarse sanamente, a ayudar en las tareas del hogar (ambos sexos), a comunicarse, a ser puntual, a leer, a decir la verdad, a vestirse de manera presentable (de acuerdo a la ocasión), a respetar a los demás, a ir a la iglesia, a orar, a levantarse temprano, a acostarse temprano, etc. Imagine todas las tareas que con responsabilidad los padres han de enseňar para fomentar buenos hábitos en sus hijos.

A través de ello, los padres tienen la oportunidad de impactar de manera positiva en la formación de la personalidad de sus hijos, pues los hábitos influyen en toda la vida de la persona… ¿Por qué perder esa oportunidad…?

Libro recomendado: Criemos niños seguros de sí mismos. James Dobson. Ed. Caribe Betania.
(tercera parte)

lunes, 12 de abril de 2010

El ADN de las Relaciones












El ADN de las RELACIONES
Última actualización, 5 de Junio, 2022

Las redes sociales
Un tema que es central en la vida de los seres humanos son las relaciones interpersonales.
  
Estamos de acuerdo en que el avance tecnológico nos impulsa a no quedarnos rezagados y nos facilita estar relacionados. Las redes sociales nos permiten extender nuevas líneas de comunicación sin límite de tiempo y espacio en una comunidad global.

De manera contradictoria nos damos cuenta con ironía que, a pesar del auge postmoderno, aún no hemos aprendido a relacionarnos de manera positiva con nuestros semejantes. Lo cierto es que no podemos escapar a las relaciones, ni de día ni de noche, pues siempre nos estamos relacionando con otras personas. No podemos negar esa verdad. 

El ADN
Según el Dr. Gary Smalley,  tenemos ese código ADN para las relaciones en el cual se puede entender que fuimos creados para tener relaciones con Dios, con los demás y con uno mismo (estas relaciones deben estar en equilibrio); así como con la capacidad de elegir (cambiar), y de asumir responsabilidades por nosotros mismos y así tomar decisiones (poder interior). El problema en sí proviene del interior (el miedo), y que de ahí surgen los conflictos que llevan a la ruptura de las relaciones

La solución
Algo interesante es nunca esperar que la otra persona sea la solución. Lo que tenemos que considerar es el perdón pues es lo que sana las relaciones. No debe haber inseguridad cuando se trata de sanar las relaciones.  

Aspectos de la relación
Debemos de tener cuidado personal para lograr un buen desarrollo en las relaciones. Esto puede lograrse, tomando en consideración el mandamiento de amar a Dios , y amar al prójimo "...como a ti mismo". Lo cual involucra cuatro aspectos que complementan una relación
  • espiritual
  • emocional
  • intelectual y 
  • físico

Las emociones
En cuanto a la comunicación emocional, lo importante es descubrir las emociones que están presentes en las meras palabras al comunicarnos unos con otros, lo cual reflejara el grado de interés que nos merece cada persona con quien nos relacionamos

Para aprender: 
  • No podemos dejar de darle importancia al hecho de tratar de mejorar nuestras relaciones, en todos los niveles. Esto es, poner atención a la manera en que me estoy comunicando con las demás personas, y ver la forma de mejorar cuando así lo amerite la ocasión. 
  • Puesto que la base de las relaciones es la comunicación, debemos de estar conscientes de los errores o fallas que se presentan en las líneas de comunicación.
  • Dios nos ha creado con la capacidad de relacionarnos y de elegir las decisiones que debemos tomar, así como de ser responsables de esas decisiones que tomamos. 
  • No olvidar que la otra persona nunca es la solución al conflicto de las relaciones. La solución debe comenzar conmigo mismo al considerar mi participación en esa relación, que tengo capacidad de elección, y mi responsabilidad personal en las decisiones que tenga que tomar. 
  • Debemos de descubrir las emociones que están presentes en las palabras con las que nos comunicamos, y por lo tanto demostrar un verdadero interés hacia la otra persona, tomando en cuenta la razón verdadera del por qué se dice aquello.  
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