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sábado, 10 de noviembre de 2012

CONSEJERÍA Y SUS REQUISITOS


Qué es y qué no es

Dice el Dr. Carlos G. González Salamea: “La consejería no es la receta mágica en la que el Consejero dará la receta para la solución”. Esta, me parece una premisa interesante a considerar para comprender el ministerio de la consejería pastoral, puesto que la mayoría de las personas entienden equivocadamente que la consejería se trata de dar “consejos”. En realidad la palabra consejería, dice Jay Adams, es la traducción al vocablo inglés “counselling”, que puede significar “asesoría”, “guía”, en otras áreas puede definirse como “coaching”, “asesoría psicológica”.

Lo importante de entender es que la consejería se basa en el diálogo que se da entre el aconsejado y el consejero. Es la reunión donde se puede conversar acerca de lo que siente el aconsejado que le está causando daño, aprender cómo enfocar la problemática y como mejorar la situación.

La consejería, es el sitio en que puedo analizar la relación con mis hijos, conocer de los recursos y acciones que puedo tomar ante problemas que se presenten con ellos, hablar con la persona directamente afectada, recibir apoyo espiritual, recibir apoyo de grupo, recibir apoyo emocional. También conocer instituciones que me pueden ayudar.

La consejería NO es un lugar en donde se dan consejos para vivir mejor. Ni el sitio en donde se puede hablar mal del resto de la gente. Tampoco es el lugar en donde tienen las respuestas de por qué mi hijo consume drogas. No es el lugar en donde harán que mi esposo deje de beber, o el sitio que puede hacer que mi pareja vuelva al hogar. Pero, sobre todo: NO ES UNA PSICOTERAPIA.

Si consideramos los requisitos de un buen consejero, hemos de notar que la confianza es la primera característica importante, puesto que si no inspira confianza en las personas estas no se acercarán a contarles sus problemas. Además de poseer ciertos rasgos personales: bondad, amabilidad, ser sociable y accesible. Pero sobre todo como consejero pastoral debe estar familiarizado con las Escrituras, leer y conocer acerca de Dios, el plan de Dios para la salvación del hombre, y todo lo que implica la madurez espiritual para el creyente. Por supuesto, debe conocer la técnica de la consejería y practicar la Ética pastoral. El consejero debe estar habilitado espiritualmente para la consejería, esto significa que requiere oración, dependencia de Dios y estudio serio, así como investigación,  preparación, y actualización, además de conocer acerca de la naturaleza humana (psicología).

Entre las condiciones para la consejería, lo primordial es que la persona sienta la necesidad de ayuda. De no ser así, será infructuosa la labor del consejero. También, el aconsejado debe cooperar en la solución del problema. Reconocer que la Palabra de Dios el principal factor de ayuda y el promotor del cambio. La consejería requiere de un lugar y tiempo, así como respetar los acuerdos para el buen avance de las sesiones programadas.



Bibliografía recomendada:
Consejería Cristiana Efectiva. Dr. Gary Collins, Ph.D.
Capacitado para Orientar. Dr. Jay Adams
Consejería familiar. Dr. Carlos G. González Salamea.
Introducción al Estudio de la Pareja Humana. Ed. Ediciones Universidad de Chile. Mayo 1995.
La familia una Aventura. Paulina Elsner V. 5ª. Ed. Ediciones Universidad de Chile.


domingo, 14 de agosto de 2011

CONSEJERÍA: UN MINISTERIO ACTUAL

La luz que alumbra el camino 

Lo mejor de la vida es, sin duda, encontrar el camino hacia la solución del problema. 

Cuando cada uno de aquellos y aquellas que se cruzaron en la vida de Jesús -teniendo la oportunidad de ser los bienaventurados de sus tiempos- su camino se les iluminó, sus tinieblas se transformaron en luz, sus pies se enderezaron, y sus ojos pudieron ver pero, su interior fue transformado también. 
 
Lo asombroso de cada milagro no terminaba con la sanidad misma recibida. 
 
Al imaginar lo acontecido me llego a preguntar, ¿qué pensó cada uno de ellos?, ¿qué transformación de mente hubo en los agraciados?, ¿la hubo? Y si la hubo, ¿qué tan profundamente les hizo recapacitar?, ¿cuál fue el nivel de sus razonamientos?, ¿en realidad habría tal profundidad de reflexión? 

Se me ocurre cuestionarme, por ejemplo, qué pensaría aquel paralítico a quien Jesús le dijo: “Hijo, tus pecados te son perdonados” Mr.2.5. No tenemos registro acerca de que aquel hombre hubiese expresado palabra alguna. Pero, ¿qué cavilaría en su interior? Cierto que ahora estaba sano, pues se levantó y anduvo, como el Señor le ordenó. Lo que antes no podía hacer, ahora podía hacerlo: andar. Ahora sus pies estaban sosteniéndolo permitiendo avanzar, alejándose así de esa casa, de aquel grupo de hombres, sin duda sus amigos caminaban a su lado, y Jesús quedaba atrás. ¿Qué surgía en su interior? ¿Qué se decía a sí mismo? 

Pienso yo, que todo lo que se agitaba en su interior era una sola cosa: “He conocido a Jesús, me ha iluminado el camino, me ha dado una nueva vida y salvación”. 

A medida que avanzaba, en realidad veía el camino iluminado, sus tinieblas ya no eran, sus pasos avanzaban en un nuevo camino. Lo mejor que le había pasado al paralitico fue, sin duda, que Jesús, la luz del mundo, le trajo solución a su problema y ahora le alumbraba en el camino, en su nuevo camino. 

Pero, ¿has pensado que hubo alguien –algunos- que le guiaron a encontrar esa luz? En la resolución del problema humano es el consejero aquel que guía hasta encontrar la luz que alumbra en el camino.

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