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jueves, 23 de enero de 2014

LA MUERTE: LA MAYOR DE LAS ADVERSIDADES


La muerte propia


La vida es un viaje que nos lleva de sorpresa en sorpresa. Ahora vivimos tal o cual experiencia, muchas veces inimaginable, y luego enfrentamos otra más, sea buena o sea mala, y así día a día. No podemos saber lo que nos depara el nuevo día al momento de abrir nuestros ojos, sin embargo eso no nos detiene, no nos inmoviliza ni nos evita llevar a cabo nuestras actividades cotidianas. Por supuesto, esperamos tener éxito en las diferentes tareas que hemos programado realizar, no pensamos en otra cosa, entonces las adversidades nos llegan cuando menos lo pensamos. La mayoría de las veces no alcanzamos a comprender que tales experiencias adversas nos llegan de manera oportuna y que son para nuestra enseñanza.

El teólogo y filósofo ingles C. S. Lewis (1898-1963) dijo: “La experiencia es el más brutal de los maestros. Pero aprendes, mi Dios hace que aprendas”.

Las adversidades nos proveen experiencia, no podemos evitarlas, y lo único que podemos hacer es estar preparados para cuando lleguen a nosotros.

La Biblia nos habla de algunas personas con problemas: la viuda que perdió a su único hijo, el ciego que tenía toda una vida sin conocer el mundo, aquella mujer que tenía ya 12 años padeciendo de flujo de sangre, y el paralítico que no tenía quién lo sumergiera en la fuente milagrosa; todos ellos experimentaron adversidades pero hubo quién se compadeció de ellos. Entonces, aquellos, los que habían pasado por tanto sufrimiento, tuvieron la oportunidad de conocer la victoria tras la adversidad cuando llegó Jesús a sus vidas.

Por supuesto, la mayor adversidad es el tener que enfrentar la muerte propia. La de los seres queridos o amistades habremos de sobrellevarlas aunque con mucho dolor, pero pensar en la muerte propia nos hace tambalear. Eso nos hace reflexionar -si ponemos seriedad en el asunto- en aquello que por mucho evitamos aceptar: el fin de la vida propia. Se suele pensar que la muerte es solo para los viejos, por eso mientras hay juventud el tema carece de importancia. No se medita en ello, no se habla, se evade el tema; evitamos razonar en la necesariedad de la muerte.

Acerca de ello el médico uruguayo Dr. Álvaro Pandiani (La esperanza cristiana en la era poscristianareflexiona y nos comparte:

El carácter inexorable de la mortalidad del hombre se expresa en la Santa Biblia en diversas formas, y cada una agrega algún aspecto a ese principio general de lo inevitable:
“Todos de cierto morimos y somos como agua derramada en tierra que no puede volver a recogerse” (2 Samuel 14:14a). “Agua derramada en tierra que no puede volver a recogerse” es una apropiada figura para ilustrar el carácter definitivo y sin retorno del morir.
“Yo sé que me conduces a la muerte, y a la casa a donde va todo ser viviente” (Job 30:23). Destaca aquí que el solo hecho de vivir implica desplazarse por la línea del tiempo hacia un destino único y universal, lo que también se nota en el Salmo 49:10: “… se ve que aún los sabios mueren; que perecen del mismo modo que el insensato y el necio, y dejan a otros sus riquezas”.
Eclesiastés 8:8 expresa otro punto importante: “No hay hombre que tenga potestad sobre el aliento de vida para poder conservarlo, ni potestad sobre el día de la muerte. Y no valen armas en tal guerra, ni la maldad librará al malvado”. “No valen armas en tal guerra” puede entenderse, entre otras cosas, como una alusión a los esfuerzos terapéuticos aplicados en un intento de retrasar a lo menos el desenlace final.

Sepamos y no olvidemos que “…este Dios, es Dios nuestro eternamente y para siempre, él nos guiará aún más allá de la muerte” (Sal. 48:14). Por lo tanto, cifrar nuestra esperanza en Dios es la mejor manera de enfrentar la mayor de las adversidades: la muerte propia. Trae paz el hecho de saber que nuestro postrer enemigo ya ha sido vencido (1 Co.15:55-57).

Libros recomendados: Cómo recuperarse de las pérdidas de la vida", H. Norman Wright. Portavoz. USA, 2004.
"Expedientes del Dolor", Juan Constantino. (poesía tanatológica). Amazon.com. USA, 2017.

jueves, 18 de octubre de 2012

CONSEJERÍA SOBRE EL DUELO Y SU PROCESO
















Duración

Sin duda que la pérdida de un ser querido es causa del más profundo dolor y desesperanza. Pareciera que nunca podremos sobreponernos a ese dolor, el dolor más grande que hemos sentido. 

¿Qué es el duelo?

El duelo es el proceso de ajuste emocional y de vida por el que se pasa después de experimentar una pérdida. El duelo por un ser querido después de su muerte también se conoce como luto. https://www.cigna.com/

La duración del duelo es siempre variable y depende de los factores particulares que influyen en la respuesta individual a la pérdida. Los síntomas más intensos del duelo agudo pueden durar entre 6 y 12 meses, pero se conocen procesos que precisan de 3 años y más. 

Duelo patológico.

Hay aspectos de la pérdida que acompañan al doliente para siempre. Cuando la duración d del duelo es muy larga y no se logra la recuperación, podemos decir que es un duelo patológico.

En la recuperación del duelo se experimentan sentimientos, muchas veces encontrados, y podemos decir que el tiempo es terapéutico. Esto es así, porque:

  • da una perspectiva 
  • ayuda a resituar los hechos
  • adaptarse al cambio y 
  • procesar sentimientos

Signos concretos de recuperación:

  • la capacidad de recordar y de hablar de la persona amada sin llorar o desanimarse
  • la capacidad de entablar nuevas relaciones y de sumergirse en los desafíos de la vida

Al analizar cada uno de estos signos podemos ver que implica un esfuerzo personal por parte del doliente para llegar a sobreponerse al dolor del duelo.

El proceso del dolor

El dolor es una experiencia común a todos. Como todo proceso tendrá sus altibajos, pero estos se pueden ir ajustando cada vez más a la vida “después de la muerte”. 

Para quien ha experimentado la partida de un ser querido, la recuperación del duelo no es algo que debe hacerlo solo, sino que se puede contar con la familia, con los amigos, con la iglesia y con Dios para acompañarle. 

Así, puede ir creciendo hasta una nueva etapa de su vida. “… porque Dios será luz eterna para ti, y los días de tu duelo se acabaran” Isaías 60:20.



Bibliografía recomendada:

Curso Fundamental de Tanatología. Dr. L. Alfonso Reyes Zubiría. México.1991.

El arte del buen morir. Joyce Cope de Wyatt. Ed. Mundo Hispano. EE. UU. 2005.

Aprender de la pérdida. R. A. Neimeyer. Una guía para afrontar el duelo. Editorial Paidós, Barcelona. 2002.

Expedientes del Dolor. Juan Constantino. (Poesía tanatológica). Amazon. EE.UU. 2017.